Espera y paciencia · Oraciones
Seis oraciones para el tiempo de espera
Estas oraciones están escritas para decirse, no para estudiarse. Cada una sirve para un día distinto de la misma espera, porque una espera larga no es un solo sentimiento — hay mañanas en que estás cansado de pedir, otras en que quieres agarrar el volante, y otras en que solo necesitas que tu propia alma se siente. Di la que sea verdad hoy.
Cuando estás cansado de pedir lo mismo
El Salmo 13 abre con “hasta cuándo”, cuatro veces seguidas, antes de dar la vuelta. El reclamo no es el fracaso de la oración; es su comienzo.
Dios, ya pedí esto tantas veces que me da vergüenza traerlo otra vez. ¿Hasta cuándo? No sé qué hacer con este silencio y estoy cansado de fingir que no me molesta. Igual, acá está, una mañana más. Sigo pidiendo porque sigo creyendo que estás ahí. Amén.
¿Por cuánto tiempo más, Señor, me vas a olvidar? ¿Para siempre? ¿Por cuánto tiempo más te vas a apartar de mí? ¿Qué tan profundo debo caer en la confusión, sintiéndome triste todo el día? ¿Por cuánto tiempo más mi enemigo seguirá siendo victorioso sobre mí?
Salmo 13:1-2, VBL
Cuando tu alma no se aquieta
El salmista no espera a que llegue la calma; le dice a su propia alma dónde esperar. Di esta en voz alta tanto para ti como para Dios.
Señor, mi cabeza pasó la noche entera dando vueltas con esto. Aquiétame. Que mi alma espere en ti y no en el teléfono, no en el mensaje, no en la noticia que sigo actualizando. De ti viene mi esperanza. Tráeme de vuelta a eso cuando me pierda, cosa que probablemente pase dentro de una hora. Amén.
Solo en Dios encuentro paz. Mi esperanza viene de Él.
Salmo 62:5, VBL
Cuando quieres tomar los tiempos en tus manos
David dice que sus tiempos están en las manos de Dios, y lo dice mientras lo están persiguiendo. No es una frase serena. Es una decisión tomada bajo presión.
Padre, estoy a punto de forzar algo porque no soporto la espera. Deténme si no es el momento. Mis tiempos están en tus manos, no apretados en la mía. Dame la honestidad para distinguir entre hacer mi parte e intentar hacer la tuya. Amén.
¡Mi vida entera está en tus manos! ¡Sálvame de aquellos que me odian y me persiguen!
Salmo 31:15, VBL
Cuando amanece y nada cambió
El Salmo 130 compara esperar en Dios con los centinelas que esperan la mañana — hombres que están seguros de que la luz viene y aun así tienen que quedarse horas parados en la oscuridad.
Dios, otra mañana, y es exactamente igual a la de ayer. Te estoy vigilando como el guardia de la madrugada vigila el amanecer: seguro de que llega, cansado de estar acá parado. Mantenme en mi puesto. No dejes que me duerma en esto. Amén.
Yo espero en el Señor, espero ansiosamente, porque confío en su palabra. Anhelo que el Señor vuelva, más que los vigilantes añorando el amanecer.
Salmo 130:5-6, VBL
Cuando esperas la decisión de otra persona
Noemí le dice a Rut que se quede quieta hasta saber cómo termina el asunto, porque el hombre no va a descansar hasta resolverlo. Es uno de los versículos más prácticos de la Biblia sobre esperar: hay desenlaces que se están decidiendo en una sala donde tú no estás.
Señor, esta no está en mis manos para nada. Otra persona está decidiendo, y yo ya dije todo lo que tenía para decir. Ayúdame a quedarme quieto hoy en vez de mandar un mensaje más. Sea cual sea la respuesta, acompáñame de los dos lados de ella. Amén.
Noemí dijo a Rut: “Espera con paciencia, hija mía, hasta que sepas cómo se resuelve todo. Booz no descansará hasta tenerlo resuelto hoy”.
Rut 3:18, VBL
Cuando decides seguir mirando
Miqueas, frente a una situación sin nada bueno adentro, dice que mirará al Señor y esperará en el Dios de su salvación. Es una elección, hecha a propósito, en malas condiciones.
Dios, hoy elijo. Voy a seguir mirando hacia ti, aunque no tenga nada que mostrar, aunque hoy termine igual que los últimos cien días. Tú me escuchas. No estoy esperando la nada — te estoy esperando a ti. Amén.
Pero en cuanto a mi, yo pongo mis ojos en el Señor. Esperaré en el Dios que me salva. Mi Dios me escuchará.
Miqueas 7:7, VBL
Di una de ellas mañana también. Una espera se atraviesa igual que se aguanta: una mañana sencilla por vez.
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