Cómo hacer un devocional en familia

Un devocional familiar no es un culto que tú organizas en la cocina. Son quince minutos en los que las personas de tu casa escuchan unas líneas de la Biblia, dicen una frase honesta sobre ellas y nombran algo bueno y algo difícil. Eso es todo. Si sabes leer en voz alta y hacer una pregunta, ya tienes lo que la mañana necesita.

Usen los siete pasos; no inventen otro método

La mañana de NobNob ya tiene forma: Aquietar, Leer, Aprender, Conversar, Agradecer, Pedir, Comenzar. No hace falta un material aparte para la familia. Hacen falta los mismos siete pasos, dichos en voz alta en lugar de leídos en silencio. Alguien aquieta la mesa con una frase de oración, alguien lee el versículo, alguien lee la reflexión, y la pregunta es de quien esté ahí.

Los pasos que sostienen una casa son Conversar, Agradecer y Pedir. Son los que convierten una lectura en conversación, y la conversación es lo que un niño recuerda veinte años después. Si el tiempo se acabó, quédense con esos tres y acorten el Aprender. La meta son doce a quince minutos, y una mañana apurada que solo alcanzó para Leer, Agradecer y Pedir sigue siendo un devocional entero.

  • Aquietar — una frase corta, en voz alta, antes de que alguien hable
  • Leer — alguien lee el versículo; al niño que ya lee suele gustarle esta tarea
  • Aprender — lean la reflexión, o digan la idea central con sus propias palabras
  • Conversar — hagan la pregunta del día y aguanten el silencio que sigue
  • Agradecer — cada uno nombra algo bueno, los adultos también
  • Pedir — cada uno nombra algo que necesita; anótenlo en alguna parte
  • Comenzar — digan la verdad que se llevan y salgan al día

Las órdenes que les doy hoy deben permanecer en sus mentes. Deberán explicarlas cuidadosamente a sus hijos y hablar de ellas cuando estén en casa y al viajar, cuando se acuesten y cuando se levanten.

Deuteronomio 6:6-7, VBL

Ubícalo donde tu mañana ya se detiene

Ninguna casa abandona el devocional por falta de convicción. Lo abandona porque el plan depende de un momento que no existe. Así que no inventes un horario nuevo. Busca los dos minutos en que tu casa ya está quieta — los últimos bocados del desayuno, la espera del transporte, el camino a la escuela, el instante antes de que alguien encuentre sus zapatos — y pon ahí la lectura.

La instrucción de Deuteronomio es llamativamente doméstica: estas palabras son para cuando estés sentado en casa, cuando andes por el camino, al acostarte y al levantarte. Supone movimiento corriente, no ceremonia. Y los primeros creyentes partían el pan en las casas con alegría y sencillez de corazón; la alegría se menciona antes que cualquier otra cosa. Apunten a ese tono y no a la solemnidad.

Día tras día siguieron reuniéndose en el Templo, y comían juntos en sus casas. Disfrutaban de las comidas con humildad y alegría. Alababan a Dios, y todos pensaban bien de ellos.

Hechos 2:46, VBL

La familia es quien está en la mesa

Si crías a tus hijos sin pareja, no estás haciendo una versión recortada de esto. Si eres abuelo o abuela criando nietos, tú eres la casa. Si tus hijos están contigo semanas alternas, el devocional pasa en las semanas que están, y nada se rompe en las otras. Si son tú y un adolescente que casi no habla, eso es una mesa.

Mezclar edades parece imposible en el papel y funciona bien en la práctica. La niña de seis años no va a seguir la reflexión, y no tiene por qué: dale el paso de Agradecer y el encargo de encender la vela, y ya está adentro. El adolescente sí va a seguirla y quizá diga en voz alta que no está de acuerdo, lo cual es mejor que un silencio educado. El más pequeño marca la duración; el mayor marca la profundidad.

No las ocultaremos de nuestros hijos. Le contaremos a la siguiente generación sobre las maravillas que Dios ha hecho; sobre su poder y grandes obras.

Salmo 78:4, VBL

Cuando no todos en la mesa creen

Puede que alguien en tu casa no comparta tu fe: tu pareja, un hijo que dejó de creer sin avisar, un familiar que vive con ustedes. La forma más rápida de terminar con un devocional familiar es convertirlo en una prueba de lealtad. La invitación solo es real si el no también lo es, y sigue siendo real solo si el no de esta mañana no le cuesta nada a nadie a la hora del almuerzo.

Dilo una vez y con claridad: son doce minutos, eres bienvenido, puedes escuchar sin participar y puedes irte. Después cumple lo dicho. Aquella frase famosa sobre yo y mi casa es la decisión de un hombre, dicha a gente a la que él acababa de decir que eligiera libremente. Nunca fue una herramienta para decidir por otro.

Pero si no quieren adorar al Señor, ¡elijan hoy a quién quieren adorar! ¿Adorarána los dioses que adoraron sus antepasados más allá del Éufrates? ¿O a los dioses de los amorreos en cuya tierra viven ahora? Pero yo y mi familia adoraremos al Señor”.

Josué 24:15, VBL

Los días perdidos no son una sentencia

Vas a perder días. Un hijo enfermo, un turno de noche, una semana en que la casa se desarma: la racha se corta, llega la culpa, y es la culpa la que termina con el hábito, no el hueco. La mañana siguiente no es un examen de recuperación. Abre, lee el día que tengas delante y sigue. Nadie tiene que ponerse al día con nada.

No nos cansemos de hacer el bien, escribe Pablo, porque la cosecha llega a su tiempo. Esa es una promesa para gente cansada, no para gente constante. Una familia que lee tres mañanas por semana durante un año leyó junta unas ciento cincuenta veces, y ningún niño del mundo lleva la cuenta de las que faltaron.

No nos cansemos nunca de hacer el bien, pues segaremos en el momento apropiado, si somos perseverantes.

Gálatas 6:9, VBL

Empiecen mañana, no el lunes. Un versículo, una pregunta, un agradecimiento, y lo bastante corto como para que alguien pida repetirlo al día siguiente.

Texto bíblico de la Versión Biblia Libre. Creative Commons Atribución-CompartirIgual 4.0

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