Cómo orar en la mañana

Orar en la mañana es casi siempre un problema de logística, no de sinceridad. No necesitas una vida espiritual mejor; necesitas un lugar, un momento y un guion al que agarrarte cuando se te acaben las palabras. Aquí tienes una forma de hacerlo en cinco minutos, de pie en la cocina, en un día en que dormiste mal.

Elige el momento antes de elegir las palabras

Casi todo hábito de oración matutina se muere en el mismo punto: no en una crisis de fe, sino cuando la mañana se llena y la oración no tiene lugar propio. Entonces dale uno. No una hora en el reloj — el reloj pierde contra la vida real — sino un ancla: el momento en que pones el agua a calentar, la caminata a la parada, los dos minutos después de sentarte en el auto.

Amarra la oración a algo que ya ocurre sin que tú lo decidas. Así no tienes que conseguir tiempo: aprovechas un momento que ibas a gastar igual. Los días en que todo sale mal, el ancla ocurre de todas formas, y la oración también.

Ayuda saber que orar temprano es una costumbre vieja y común, no una hazaña. En los Evangelios aparece como algo que Jesús simplemente hacía, antes de que el día empezara a cobrarle.

Muy temprano en la mañana, mientras aún estaba oscuro, Jesús se levantó y se fue a solas a un lugar tranquilo para orar.

Marcos 1:35, VBL

Un lugar cualquiera es el lugar correcto

No necesitas un cuarto en silencio, una vela encendida ni una casa donde nadie esté gritando. Lo que Jesús dice sobre orar a solas habla de privacidad, no de ambiente: ve a donde no estés quedando bien con nadie, y habla.

En la práctica: la ducha, el transporte con audífonos, la escalera del edificio, los cinco minutos en el auto estacionado antes de entrar. Si vives con gente y no hay puerta que cerrar, el interior de tu cabeza es una puerta cerrada. Nadie tiene que escucharte.

De pie sirve. Caminando sirve. Con los ojos abiertos sirve, y muchas veces es mejor si todavía andas medio dormido.

Pero ustedes, cuando oren, entren a su casa y cierren la puerta, y oren a su Padre en privado, y su Padre que ve lo que ocurre en privado, los recompensará.

Mateo 6:6, VBL

Un guion para cuando no sabes qué decir

Cuando alguien dice que no sabe orar, casi siempre quiere decir que se le acaban las palabras a los quince segundos. Un guion resuelve eso. La oración que Jesús enseñó a sus discípulos se usa como esqueleto desde hace dos mil años justamente por esto: dices una línea y después dices tu propia versión de ella, con tu vida adentro.

Entonces: nombra con quién estás hablando. Pide por hoy — este día, no el futuro completo. Di lo que hiciste mal y déjalo ir. Di el nombre de la persona a la que necesitas perdonar. Pide que te guarden de aquello en lo que sabes que eres débil. Cuatro o cinco movimientos, treinta segundos cada uno.

Lee la oración de abajo y úsala como marco. Entre una línea y otra, detente y mete ahí tu mañana. Esa es toda la técnica.

  • Con quién estás hablando — una frase, en voz alta.
  • Las necesidades de hoy, dichas con nombre: este turno, esta cita, esta cuenta.
  • Lo que hiciste mal ayer, dicho claro y después dejado en paz.
  • Una persona a la que perdonar, o una persona a la que bendecir.
  • Aquello que ya sabes que te va a jalar antes del mediodía.

Así que oren de esta manera: “Nuestro Padre celestial, que tu nombre sean honrado. Venga tu reino. Que tu voluntad sea hecha en la tierra como se hace en el cielo. Por favor, danos hoy el alimento que necesitamos. Perdona nuestros pecados, así como nosotros hemos perdonado a quienes han pecado contra nosotros. No dejes que seamos tentados a hacer el mal, y sálvanos del Maligno.

Mateo 6:9-13, VBL

Lleva la preocupación real, no una versión ordenada

La forma más común de que la oración matutina se vuelva vaga es orar por la vida en general en vez de orar por la cosa que te despertó a las cuatro. Dila. El dinero. El resultado del examen. El mensaje que no respondiste. El hijo por el que estás preocupado.

Filipenses junta oración, gratitud y peticiones concretas, y lo que promete no es que la situación se arregle, sino que algo te cuida mientras no se arregla. Es una promesa más pequeña y más honesta que la que suelen anunciar, y es la que aguanta un martes.

Un truco práctico: di la preocupación en voz alta, después di qué quieres que pase de verdad, después di qué vas a hacer tú hoy al respecto. La oración y la lista de pendientes tienen permiso de tocarse.

No se preocupen por nada, sino oren a Dios por todas las cosas, y explíquenle lo que necesitan, y agradézcanle por todo lo que él hace. Entonces la paz que viene de Dios, que es mejor que lo que podríamos imaginar, guardará sus corazones y mentes en Cristo Jesús.

Filipenses 4:6-7, VBL

Cuando se te va la cabeza, o no sientes nada

Se te va a ir la cabeza. A todo el mundo se le va. El remedio no es concentración sino regreso: darte cuenta y volver, sin gastar treinta segundos en enojarte contigo. Si te fuiste veinte veces, volviste veinte veces, y volver es la oración.

Algunas mañanas no vas a sentir nada. El sentimiento no es la medida. Romanos describe al Espíritu ayudando justo en el punto en que no sabemos qué pedir, lo que da por hecho, como algo normal, que muchas veces no lo sabemos.

Si te trabas, haz una de dos cosas: lee un salmo en voz alta y deja que sea tu voz, o repite la misma frase corta cinco veces, despacio. Las dos son más viejas que cualquier consejo de esta página.

De la misma manera, el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad. Nosotros no sabemos cómo hablar con Dios, pero el Espíritu mismo intercede con nosotros y por nosotros mediante gemidos que las palabras no pueden expresar.

Romanos 8:26, VBL

Cómo se ve mañana

No armes un plan de treinta minutos. Arma uno de dos minutos que sigas haciendo en marzo. Dos minutos todos los días le ganan a veinte minutos dos veces y después nada hasta Semana Santa.

Cuenta con fallar. Fallar un día no es una racha rota, es un martes. Vuelve a empezar en la siguiente ancla, sin ceremonia y sin deberle una disculpa a nadie.

Y, si puedes, déjalo en la mañana — no por superstición, sino por aritmética: el comienzo del día es la única parte que todavía no reclamó ninguna otra cosa.

Por favor, Señor, escucha lo que vengo a decirte en las horas de la mañana. Cada mañana traigo a ti mis peticiones y espero tu respuesta.

Salmo 5:3, VBL

Mañana en la mañana, mientras se calienta el agua: una frase, en voz alta, sobre el día de verdad. Ese es el método completo. Todo lo de arriba es solo detalle.

Texto bíblico de la Versión Biblia Libre. Creative Commons Atribución-CompartirIgual 4.0

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