Mi hija de seis años me preguntó si Dios de verdad la oye. ¿Qué le digo?

Dile que sí, y dilo en ocho palabras: “Sí. Él está cerca de quien le habla.” Y ahí párate. La tentación es explicarle la omnipresencia a una niña de seis años, y es la explicación la que la pierde. Quien pregunta si Dios oye no está haciendo una pregunta teológica: está preguntando si se queda sola cuando habla en la oscuridad. Contesta esa pregunta y deja que la siguiente llegue a su tiempo.

La respuesta corta, y por qué corta es mejor

El salmo dice que el Señor está cerca de todos los que lo invocan. Esa es la respuesta completa, y ya está al nivel de lectura de una niña. Dale la frase, no el argumento que hay detrás.

Los niños prueban una afirmación usándola, no evaluándola. Así que el siguiente paso útil no es más explicación: es su turno. “¿Quieres probar? Puedes decir lo que sea. Yo empiezo.” Ora cuatro frases cortas en voz alta para que oiga cómo se toma prestado, y deja un hueco.

Si no dice nada, está bien, y díselo: pensarlo también cuenta. La niña a la que le dicen que su silencio cuenta vuelve a la oración más adelante. La niña a la que empujan a actuar en voz alta delante de toda la familia muchas veces no vuelve.

El Señor está cerca de los que piden su ayuda, de los que le piden de corazón.

Salmo 145:18, VBL

Qué es orar, en una frase que pueda repetir

Prueba con esto: “orar es hablar con Dios, y él ya está escuchando”. Todo lo demás es detalle. A los seis años no necesita el vocabulario de la adoración y la intercesión, y dárselo demasiado pronto le enseña que orar es una habilidad técnica que tienen los demás.

Jesús dijo con todas sus letras que no hay que amontonar palabras, y dio una razón que a los niños les hace gracia y los tranquiliza: el Padre ya sabe lo que necesitamos antes de que lo pidamos. Dilo sencillo —“no hay que decirlo bien y no hay que decir mucho”—, porque lo que más calla a un niño es sospechar que existe una forma correcta y que nadie le dijo cuál es.

Y mantén cortas tus propias oraciones delante de ella. Si las tuyas duran tres minutos y llevan una voz especial, va a concluir que orar es cosa de adultos y que ella todavía no califica.

Cuando oren, no usen palabrerías incoherentes como hacen los gentiles, que piensan que serán escuchados por todas las palabras que repiten. No sean como ellos, porque su Padre sabe lo que ustedes necesitan incluso antes de que ustedes se lo pidan.

Mateo 6:7-8, VBL

La pregunta que sigue: “¿y por qué yo no lo oigo?”

Esa llega en menos de una semana. Contesta con honestidad: casi nadie oye una voz, tú tampoco. No inventes una experiencia que no has tenido y no le digas que el calorcito en el pecho es Dios hablando, porque el día en que el calorcito no aparezca va a concluir que él se fue.

Dile mejor dónde sí habla de forma confiable: en la Biblia, que es justamente por lo que la leemos antes de conversar en la mañana; y muchas veces a través de personas — la tía que llamó en el momento justo, la maestra que se dio cuenta. Eso es algo que podrá comprobar en su propia vida a lo largo de los años, y vale más que algo que tenga que creerte de palabra.

También es legítimo decir “no sé por qué funciona así; a mí también me incomoda a veces”. Un adulto que admite algo difícil es un adulto al que una adolescente todavía se acerca.

“¿Y si lo digo mal?”

No hay manera de decirlo mal. Pablo escribe que el Espíritu ayuda cuando no sabemos orar como conviene, o sea que a los adultos también se les acaban las palabras y no quedan descalificados por eso. Tradúcelo a su altura: “Dios no está calificando esto”.

Hay una escena en el templo donde los niños están gritando y a los encargados les molesta, y Jesús responde citando la línea sobre la alabanza que Dios prepara en la boca de los pequeños. Vale la pena conocer esa historia, porque el instinto adulto de sacar del cuarto el ruido de los niños es muy viejo, y ahí mismo fue corregido.

En la práctica: déjala orar por el hámster. Déjala repetir las mismas tres frases un mes entero. No corrijas su oración mientras la está diciendo.

De la misma manera, el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad. Nosotros no sabemos cómo hablar con Dios, pero el Espíritu mismo intercede con nosotros y por nosotros mediante gemidos que las palabras no pueden expresar.

Romanos 8:26, VBL

Cuando la respuesta es no, o no pasa nada

Tarde o temprano va a orar por alguien que no mejora, y manejar bien ese día importa más que todas las mañanas buenas anteriores. No le digas que le faltó fe, y no le digas que Dios siempre les dice que sí a los niños: te va a cachar, y ahí se pierde más que la discusión.

Juan escribe que Dios nos oye cuando pedimos, y que lo que pedimos corre dentro de su voluntad y no fuera de ella. A su altura: “Él siempre escucha. No siempre hace lo que pedimos, y yo tampoco lo entiendo siempre. No te está ignorando.”

Después quédate en la parte triste en lugar de resolverla. Siéntate, dile que lo sientes, haz una oración corta que diga lo verdadero: que estás dolido y que no entiendes. Los niños aprenden qué hacer con la decepción viendo a un adulto hacerlo delante de ellos.

Podemos estar seguros de que él nos escuchará siempre y cuando pidamos conforme a su voluntad. Si sabemos que él oye nuestras peticiones, podemos estar seguros de que recibiremos lo que le pedimos.

1 Juan 5:14-15, VBL

Dónde entra esto en la mañana

En los siete pasos —Aquietar, Leer, Aprender, Conversar, Agradecer, Pedir, Comenzar— la oración del niño vive en los tres últimos, y son los tres más fáciles de hacer con alguien chico. Agradecer: una cosa cada uno. Pedir: una petición cada uno. Comenzar: una cosa para intentar hoy.

Es el mismo camino que ya conoces de texto base, reflexión, aplicación y oración, solo que partido en pedazos más chicos para que quepa en una mesa de desayuno. Con un niño, el total queda por debajo de dos minutos. Eso no es una oración reducida: es una oración sin carraspeo, y a la mayoría de los adultos les vendría bien la misma edición.

Contesta la pregunta que de verdad hizo, mantén tus oraciones lo bastante cortas como para copiarlas y nunca la hagas sentir evaluada. Lo demás tiene años para llegar.

Texto bíblico de la Versión Biblia Libre. Creative Commons Atribución-CompartirIgual 4.0

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