Para niños · Versículos
Versículos cortos para niños, y qué decir sobre cada uno
Esta lista es para ti: el papá, la mamá, la abuela, la maestra o el hermano mayor que va a leer. Un versículo funciona con un niño chico cuando es lo bastante corto para repetirlo de un tirón y lo bastante concreto para volverse imagen. Todo lo de abajo pasa las dos pruebas. Debajo de cada uno hay una frase que puedes decir, con tus propias palabras, para que los pasos Leer y Aprender quepan juntos en un minuto en vez de convertirse en clase.
Cuando el niño tiene miedo: Dios está aquí y no está lejos
El miedo es lo primero que casi todos los niños traen al devocional, y casi siempre de lado: dolor de panza antes de la escuela, la lámpara que tiene que quedarse prendida. Dos versículos alcanzan para casi todo.
La frase sobre tener miedo y confiar de todos modos es la más útil de las dos, porque no le pide al niño que deje de tener miedo. Dice qué hacer mientras el miedo sigue ahí, que es el único consejo que un niño de seis años puede seguir de verdad. Dilo así en voz alta: “no dice ‘no tengas miedo’. Dice ‘cuando tengo miedo, hablo con Dios’.”
El segundo es la promesa que cierra el mandato de ser valiente: que Dios va con la persona a donde vaya. Los niños se toman ese “a donde vaya” muy al pie de la letra, y está bien que así sea. Nombra los lugares: el salón, el dentista, la casa de la abuela, el camión.
Nada de esto reemplaza ayuda profesional: si un miedo se vuelve constante o le quita el sueño a un niño, habla con alguien capacitado.
Pero cuando tengo miedo, confío en ti.
Salmo 56:3, VBL
Cuando el niño siente que no alcanza
A los seis o siete años, los niños ya se clasificaron solos entre rápidos y lentos, buenos para leer y malos para leer. El versículo sobre haber sido hecho de manera admirable es el que conviene tener a la mano, y es lo bastante corto para que lo repita uno de cuatro.
Cuidado con la explicación. No es “eres el mejor”; es que fue hecho a propósito, por alguien que estaba poniendo atención. Eso sí se sostiene el día en que lo eligen al último para el equipo.
La línea sobre el cuidado de Dios como el de un pastor va en la misma dirección, y un niño que nunca vio una oveja la entiende de inmediato si se la dices así: alguien me está cuidando, y sabe dónde estoy.
¡Te alabo porque me hiciste admirable! Maravillosas son tus obras, ¡Me doy cuenta de esto completamente!
Salmo 139:14, VBL
Los dos versículos que explican el amor
La línea de la carta de Juan sobre que nuestro amor es respuesta —él fue primero, nosotros contestamos— quizá sea el mejor versículo que se le puede dar a un niño, porque acomoda el orden. Casi todos los niños absorben de algún lado la idea de que el amor es premio por portarse bien. Este versículo dice que el amor llegó antes y que todo lo demás es respuesta.
Dilo en su forma más chica: “Dios no esperó a que yo me portara bien. Él fue primero.” Y después déjalo ahí. No le pegues una lección de conducta en la misma frase, porque el punto entero es que el amor no depende de la lección.
La frase del pastor también entra aquí. Los niños la oyen como seguridad antes de oírla como teología, y la seguridad es la primera escucha correcta.
Nosotros amamos porque él nos amó primero.
1 Juan 4:19, VBL
Versículos para el paso Agradecer
Dos frases cubren la gratitud, y las dos son lo bastante cortas para volverse la apertura fija de la casa. Una da gracias porque Dios es bueno y su amor dura. La otra dice que este día fue hecho y vale la alegría.
El versículo del día que fue hecho es el mejor para una mañana mala: un lunes, lluvia camino a la escuela, una semana en que las cosas en casa están difíciles. No promete que el día vaya a ser bonito. Dice que el día fue dado.
Dale el turno al niño: lees el versículo y cada quien nombra una cosa. Acepta el perro, la galleta, la caricatura. La gratitud con un niño chico es músculo, no buen gusto: el contenido mejora después.
¡Den gracias al Señor, porque Él es bueno! Porque su gran amor perdura para siempre.
Salmo 136:1, VBL
Versículos sobre cómo tratar a la gente
Dos frases cortas hacen el trabajo: ser bondadosos unos con otros y perdonar, y ser rápidos para escuchar y lentos para enojarse. Las dos son sorprendentemente prácticas, y por eso sobreviven al contacto con una casa real.
Úsalas como paso Comenzar y no como paso Aprender. Lees el versículo y preguntas en qué lugar del día cabe: el hermano, el compañero ruidoso, la amiga que no compartió. Un versículo que el niño prueba antes del almuerzo es un versículo que se queda.
Di el de “lento para enojarse” los días en que tú perdiste la paciencia, y dilo primero sobre ti. Los niños aprenden mucho más viendo a un adulto aplicarse un versículo que recibiéndolo como regla.
Sean amables y compasivos unos con otros, perdonándose unos a otros, así como Cristo los perdonó a ustedes.
Efesios 4:32, VBL
Cómo usarlos en una mañana de seis minutos
Un versículo por mañana, y el mismo versículo tantas mañanas como el niño quiera. A esta edad la repetición no es falta de ambición: así se construye la memoria. Un niño que a los siete se sabe cuatro versículos carga más que la mayoría de los adultos.
En el ritmo de siete pasos —Aquietar, Leer, Aprender, Conversar, Agradecer, Pedir, Comenzar— un versículo corto llena el Leer, una frase tuya llena el Aprender, y el resto ocurre con las palabras que tu familia ya usa.
Y si el niño hace una pregunta que no sabes contestar, la respuesta honesta es la buena: “no sé, vamos a averiguarlo”. Va a recordar que no fingiste.
Recuerden esto, mis queridos amigos: todos deberían ser prontos para escuchar, pero lentos para hablar y lentos para enojarse,
Santiago 1:19, VBL
Nueve versículos cortos son un año de mañanas con un niño chico. No necesitas más material. Necesitas el mismo material, muchas veces.
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