Cómo hacer el devocional de la mañana con niños pequeños

Esto está escrito para ti, no para el niño: el papá, la mamá, la abuela, la tía, la maestra o el hermano mayor que tiene unos seis minutos entre el cereal y los zapatos. Todo cabe en ese rato si encoges cada paso en lugar de eliminar pasos, y si renuncias a la idea de que tiene que parecer una clase. Con niños de menos de siete años, la meta no es que entiendan. Es que hablar con Dios antes de empezar el día se vuelva tan normal como lavarse los dientes.

Encoge el ritmo, no tu paciencia

Los siete pasos —Aquietar, Leer, Aprender, Conversar, Agradecer, Pedir y Comenzar— funcionan a escala infantil, unos cuarenta segundos cada uno. Mantén el mismo orden todas las mañanas. Los niños chicos sacan seguridad de la repetición, y una forma predecible les permite participar antes de poder seguir el contenido.

Ponle un ancla fija: la mesa, antes de levantar los platos, o el camino a la escuela. Un ancla sobrevive a una semana caótica mucho mejor que una buena intención.

  • Aquietar: todos callados mientras cuentan juntos hasta diez, o una respiración lenta cada uno.
  • Leer: un versículo, leído una vez y releído despacio.
  • Aprender: una frase tuya sobre lo que significa. Una.
  • Conversar: una pregunta, y la respuesta que salga.
  • Agradecer: cada quien nombra una cosa en voz alta, tú incluido.
  • Pedir: una petición cada uno, en voz alta o en silencio.
  • Comenzar: una cosa para intentar hoy, dicha antes de que alguien se pare de la silla.

Las órdenes que les doy hoy deben permanecer en sus mentes. Deberán explicarlas cuidadosamente a sus hijos y hablar de ellas cuando estén en casa y al viajar, cuando se acuesten y cuando se levanten.

Deuteronomio 6:6-7, VBL

Un versículo, no un pasaje

Un versículo corto alcanza. Léelo, vuélvelo a leer despacio y deja que el más chico repita después de ti las últimas tres o cuatro palabras. Esa repetición no es relleno: así es como un niño de cuatro años guarda cualquier cosa.

Déjalo sostener el libro si quiere, aunque sea al revés. A esa edad pesa más la asociación física que la frase. Si pide el mismo versículo dos semanas seguidas, dale el mismo versículo.

Pero Jesús dijo: “Dejen que los niños vengan a mi. No se lo impidan. ¡El reino de los cielos pertenece a quienes son como ellos!”

Mateo 19:14, VBL

Haz una pregunta y acepta la respuesta rara

El paso Conversar es donde el devocional con niños suele descarrilar, porque los adultos preguntamos cosas con respuesta correcta y los niños huelen un examen a distancia. Pregunta algo que no se pueda reprobar: ¿qué crees que sintió esa persona? ¿A quién te recuerda? ¿Tú qué habrías dicho?

Cuando la respuesta sea sobre dinosaurios, no la regreses al tema. Di “no se me había ocurrido” y sigue. Le estás enseñando que esto es una conversación, y las conversaciones con adultos que califican no le interesan a nadie.

La instrucción de Deuteronomio es hablar de estas palabras en casa, en el camino, al acostarse y al levantarse. Eso describe conversación normal repartida por el día, no un discurso entregado de una vez.

No las ocultaremos de nuestros hijos. Le contaremos a la siguiente generación sobre las maravillas que Dios ha hecho; sobre su poder y grandes obras.

Salmo 78:4, VBL

Dale palabras que de verdad pueda usar

Los niños copian las oraciones que oyen. Si las tuyas son largas y formales, van a concluir que orar es una habilidad que todavía no tienen. Modela algo lo bastante corto como para que se lo puedan prestar.

Palabras que un niño puede usar: dilas tú primero, deja que las repita y después que invente las suyas.

  • Gracias, Dios, por ______. (Una sola cosa. Puede ser el perro.)
  • Dios, ayuda hoy a ______.
  • Dios, tengo miedo de ______. Quédate conmigo.
  • Amén, que solo quiere decir “sí, eso es lo que queremos decir”.

Y Jesús abrazaba a los niños y colocaba sus manos sobre ellos, y los bendecía.

Marcos 10:16, VBL

Termina bendiciéndolo, en voz alta y por su nombre

Jesús tomó a los niños en brazos y los bendijo; el evangelio subraya la parte física. Cópiala. Una mano en la cabeza o el hombro y una frase dicha en la puerta —su nombre, y algo verdadero sobre él y sobre Dios— toma cinco segundos y suele ser lo que recuerda años después.

Que sea concreto y no general. “Dios está contigo hoy, y te hizo valiente” llega mejor que un párrafo entero.

Y Jesús abrazaba a los niños y colocaba sus manos sobre ellos, y los bendecía.

Marcos 10:16, VBL

Apunta a la constancia y suelta el resultado

Proverbios habla de encaminar al niño en el camino por el que debe andar. Léelo como dirección a lo largo de años y no como una fórmula con resultado garantizado, porque es un proverbio: la descripción de cómo suele funcionar la vida, no un contrato. Los niños son personas, y las personas eligen.

Así que mide lo que sí depende de ti: si pasó, no si quedó bonito. Cuatro mañanas por semana durante un año valen más que un mes perfecto. Los días perdidos no son deuda; vuelve a empezar a la mañana siguiente y sin comentarios.

Si en tu casa la mañana es de verdad imposible —turnos, un bebé, un niño que no se queda sentado—, hazlo a la hora de dormir y deja de reprochártelo. Y nada de esto es asesoría pedagógica, psicológica ni de crianza; si te preocupa el desarrollo o el bienestar de un niño, habla con un profesional.

Enseña a los niños el modo correcto de vivir, y cuando crezcan, seguirán viviendo en rectitud.

Proverbios 22:6, VBL

Seis minutos, la misma forma, casi todos los días. Ese es el método completo, y alcanza.

Texto bíblico de la Versión Biblia Libre. Creative Commons Atribución-CompartirIgual 4.0

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